Manuel Herrador

El agujero de la emoción extrema

Contenedores verdes situados en nuestras calles que, colocados estrategicamente, permiten que los usuarios que van a reciclar vidrio disfruten de apasionantes aventuras y de excitantes riesgos sin costo adicional alguno

La mayoría de los depósitos de reciclaje de vidrio están colocados en nuestras calles de forma estudiada para que sea imposible acceder de forma sencilla a uno de los dos orificios abiertos en su parte superior,

Contenedores verdes situados en nuestras calles que, colocados estrategicamente, permiten que los usuarios que van a reciclar vidrio disfruten de apasionantes aventuras y de excitantes riesgos sin costo adicional alguno

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La mayoría de los depósitos de reciclaje de vidrio están colocados en nuestras calles de forma estudiada para que sea imposible acceder de forma sencilla a uno de los dos orificios abiertos en su parte superior, a través de los cuales introducimos los tarros, las botellas o los frascos que ya no vamos a utilizar. Podría parecer, a simple vista, que se trata de una de esas acciones humanas que nos acerca a nuestros más primitivos y elementales antepasados irracionales.

Los encargados de activar las diferentes pruebas de acceso a los contenedores son las empresas concesionarias de los servicios de limpieza y reciclaje de nuestras ciudades y pueblos, que tienen la orden municipal expresa de que los ciudadanos vivamos la emoción de poder ser destrozados por el impacto frontal de un camión a toda velocidad, de que sintamos el emocionante vértigo que producen las alturas al escalar por paredes verticales con la posibilidad de despeñarnos si caemos al vacío o, incluso, tener que vencer el reto de traspasar muros y paredes para acceder a los escondidos orificios de entrada de vidrio.

Estas empresas se han esforzado para que las propuestas aventureras estén dividas en varias modalidades de colocación de los contenedores y podamos participar en cualquiera de sus tres pruebas físicas previstas al tratar de acceder a uno de los huecos de entrada de vidrio. La clasificación, según su posición en las aceras públicas y su nivel de peligrosidad, es la siguiente:

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Modelo “Violento” – Modelo “Butrón” – Modelo “Rappel”

El “Violento” es el más socorrido de todos, el más económico –ya que no exige equipamiento especial- y el que con más frecuencia hallamos en nuestras ciudades. Se trata de posicionar el contenedor de tal manera que si accedemos al agujero que se encuentra alejado de la acera, y que está colocado directamente sobre la calzada, tengamos apasionantes posibilidades de ser atropellados fácilmente por cualquier camión de reparto que no espera nuestra sorpresiva presencia al cruzarnos en su camino pertrechados con una bolsa de plástico de Mercadona o Carrefour en cada mano, llena de botellines vacíos de cerveza, ron y güisqui, y ataviados con el pantalón corto de por las noches y con las zapatillas de andar por casa (Mod. 1).

El “Butrón” exige más sofisticación y está reservado a profesionales de la construcción y expertos del allanamiento de morada. El reto a conseguir es penetrar en el inmueble cuya pared linda con la cara oculta del contenedor, para una vez en su interior practicar un agujero que la atraviese y llegar a orificio oculto en el que depositaremos los vidrios. Esta modalidad obliga a una pequeña inversión en herramientas, taladro a pilas, algunas bolsas de escombro y poco más (Mod. 2).

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La tercera prueba de acceso de alto riesgo al agujero oculto es la llamada “Rappel”, consistente en colocar el contenedor con uno de sus orificios de depósito orientado a un desnivel inaccesible desde la acera y que obligue a este a colgarse con los elementos habituales de la práctica de alpinismo o escalada libre,  arnés, cintas exprés, mosquetón de seguridad, cuerdas y zapatos especiales. Esta modalidad para tirar las botellas de cristal vacías está ideada para usuarios más o menos ágiles de poder adquisitivo alto (Mod. 3).

El presidente de ASUNDA (Asociación de Usuarios No Atletas) ha declarado que, dadas las características antideportivas y las limitaciones físicas de los miembros de su asociación, se está investigando y realizando numerosas pruebas para ver si existe alguna posibilidad de provocar un giro de noventa grados al colocar el contenedor verde sobre el pavimento y comprobar si los dos agujeros quedan habilitados de tal manera que se pueda acceder desde la acera sin riesgo alguno para la vida de los usuarios colaboradores del reciclaje. Añaden que, si consiguen girar el contenedor, publicarán la técnica de ejecución en todas las revistas científicas del país para que el resto de ayuntamientos se beneficien de los resultados obtenidos.

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