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El compañero indispensable para viajar

Fotos: César Sar

Para muchos viajeros occidentales un pasaporte repleto de sellos es motivo de orgullo. Hay quienes los coleccionan y aprecian más aún que el propio viaje. Vamos, que algunos parece que el viaje lo hacen más por poder mostrarlo que para tener la experiencia de conocer un nuevo lugar.

Hace algunos años que aprendí que el mundo no se puede entender como una división política, pues es cierto que si te empeñas en ello es posible visitar los casi 200 países que reconoce Naciones Unidas, pero la realidad es bien distinta. El mundo es un compendio de regiones y culturas. El que afirme conocer España por haber visitado Madrid o Canarias se equivoca. Un país como el nuestro, tiene multitud de regiones para visitar donde apreciar desde otras lenguas hasta una amplia gastronomía, pasando por paisajes incomparables. Lo mismo ocurre con otros muchos países del planeta. Así pues, para conocer el mundo no basta con coleccionar los sellos de las divisiones políticas del mismo. Se lo cuenta alguien que tiene varios pasaportes con muchos sellos y para el que cada año se amplía la sensación de que falta más por ver que lo visto.

Pero volviendo al inicio, les he traído el tema de los pasaportes para mostrarles otro punto de vista menos romántico, más pragmático y hasta cruel si me lo permiten. Para un occidental blanco con todas sus necesidades básicas cubiertas, viajar por el mundo ofreciendo su pasaporte para que sea sellado es un sinónimo de libertad. En cierta manera lo es, pero no es menos cierto que los pasaportes son una gran demostración de control y represión.

El origen

DSC03031En la antigüedad, las personas se movían de un lugar a otro sin importar dónde hubiesen nacido. Estados Unidos de América es un gran ejemplo de ello. Miles de barcos zarparon desde las costas europeas rumbo a la tierra prometida. Al llegar a Nueva York, por ejemplo, tan solo daban sus nombres sin presentar papel alguno. Allí eran registrados, momento en el cual mucha familias aprovecharon para modificar sus apellidos o cambiar sus nombres. Era una manera de hacer borrón y cuenta nueva. Como los colonos en América, también encontramos casos en Asia y el resto de los continentes. Cada persona era quien decía ser y haber nacido donde manifestaba. Luego, si podía y las fuerzas y el ánimo les acompañaban, cambiaban de lugar. En esos tiempos quienes se movían, más que inmigrantes, eran pioneros. Todos ellos se movían sin más limitación que sus fuerzas y la capacidad para sobrevivir en una nueva tierra sin entrar en conflicto con quienes allí ya la habitaban.

Los pasaportes llegaron mucho más tarde. Ya se usaban durante la edad media unos documentos a modo de salvoconductos firmados por reyes o terratenientes que permitían el acceso por las puertas de las murallas medievales a otra ciudades a personas que no vivían allí. En esos escritos, el noble o dueño manifestaba las intenciones de esa persona para pretender su entrada por la puerta. De ahí la palabra, ‘pasa-porte’.

Los países y el uso del pasaporte

DSC03025Hasta la llegada de la primera Gran Guerra las personas se movían libremente, pero pronto se dieron cuenta de que esto afectaba a la libertad, con la que muchos espías se podían mover de un lugar a otro, así que se comenzó a expedir documentación especial a modo de pasaporte a los ciudadanos que requerían salir de sus países. Posteriormente, el país receptor tenía que validar esta información y ponerla en juicio en virtud de los acuerdos que tuviese con ese otro país. Vamos, que el trámite podía durar meses. Esos primeros pasaportes no llevaban foto e incluían información física detallada de la persona que los portaba.

Durante los años en los que los pasaportes eran documentos relativamente falsificables, muchos viajeros y turistas eran víctimas de robos. Incluso según qué pasaportes en según qué lugares les podían costar la vida. Para muchos, hacerse con un pasaporte suizo o británico era como una lotería de llave mágica para poder moverse.

Al final, el uso fundamental que se le dio a los pasaportes era el de evitar que las personas más cualificadas emigrasen. Era el propio país quien impedía la salida de sus ciudadanos, negándoles el pasaporte o negándoles su uso en la propia frontera. Es posible que algunos lectores no hayan hecho trámites fronterizos en tierra donde las dos líneas son más evidentes. Primero hay que pasar el control de salida y posteriormente el de entrada. Es necesario tener el visto bueno de ambas. En más de una frontera me he quedado en medio, pero eso son batallas para otro artículo. Así que el primer país puede negar la salida, se sea o no ciudadano de ese lugar. Así ha ocurrido y ocurre a lo largo de la historia y no todos los países se rigen por los mismos criterios de legislación internacional. Pueden alegar cualquier cuestión peregrina para negar la salida, desde una supuesta deuda o una mala relación temporal con su vecino. Cierran la frontera y allí puede uno quedarse días o semanas.

Tal vez no lo sepan, pero tras los atentados del 11S en Estados Unidos se decretó una orden por parte del presidente en beneficio “supuestamente” de la seguridad integral, por la cual el suelo de tránsito de los aeropuertos en el país no se regía ni por las leyes ordinarias nacionales ni por el derecho internacional. Esto quiere decir que cuando aterrizamos en un aeropuerto en EEUU estamos a merced del criterio subjetivo de la policía y los servicios de inteligencia. Hasta que no sellen el pasaporte no cuentan sus leyes ni nuestro país de origen puede protegernos alegando tratados internacionales. De este modo, han sido detenidas o retenidas miles de personas en los últimos años. En los casos más extremos han sido trasladados a lugares como Guantánamo sin derecho a juicio o alegato inicial. Es como si de pronto no existiéramos, no podemos apelar a nada. Fíjense, esto ocurre en el 2016 y en la primera potencia económica del mundo. Ya podrán imaginar lo que puede ocurrirles en una República centro-africana si se le cruzan dos cables al cabo de turno en la frontera. Pero no se lleven las manos a la cabeza. Los amigos de las hamburguesas lo hicieron público y hasta se generaron debates en la televisión. Los rusos ya en la antigua Unión Soviética y hasta nuestros días usaban el mismo criterio. Si sospechaban o sospechan que eras espía o eso alegaban, te retienen sin más explicaciones. Se sorprenderían al ver cuántos países hay aún que no se acogen a muchas leyes de derecho internacional. A puñados.

Pasaporte electrónico

DSC03032Los pasaportes electrónicos modernos nos fichan en cualquier frontera electrónica por la que pasemos quedado registrados al instante y pudiendo ser controlados en tiempo real. Así se han detenido también con fortunas a muchos delincuentes en los países desarrollados. Pero nuestros pasaportes son unas auténticas llaves maestras para abrir puertas aunque no ocurre lo mismo en otro montón de casos. Hay muchas nacionalidades que no tienen acuerdos con terceros países y sencillamente no pueden entrar sin solicitar un costoso visado que muchas veces se deniega. Muchísimos ciudadanos latinoamericanos tienen trámites casi imposibles para poder visitar Europa, por ejemplo. Los países se blindan para evitar que quienes llegan como turistas se queden a vivir de manera irregular. Así que nuestro lugar de nacimiento condiciona para siempre la capacidad que tenemos para movernos libremente por el mundo.

Fíjense lo complejos que son los acuerdos bilaterales o multilaterales entre los países que hasta el año 1980 no se produjo una normalización por parte de las Naciones Unidas. Había países que no reconocían a otros y por lo tanto no reconocían a sus ciudadanos o sencillamente sí reconocían el país pero no se fiaban de la validez el documento presentado. Las víctimas de todos estos procesos burocráticos de control mundial son los ciudadanos. Presos por sus estados que no les emiten pasaportes para poder salir o que aun emitiéndoselos no les sirven para moverse por la mayoría de los países.

DSC03038Les invito a que reflexionen un poco sobre esto, pues somos unos verdaderos afortunados. Con un pasaporte español podemos entran sin visado a prácticamente cualquier lugar del mundo y con visado o permiso especial, a todos. No tenemos un veto absoluto por parte de ninguna nación del planeta. Será que somos encantadores y hacemos unas paellas espectaculares, y eso que aún no han probado en medio mundo el “Conejo en salmorejo” o un rico “Cochino negro con papas bonitas”.

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