Africa 3.0

El orgullo albino de Mali

No es ningún mito, ser albino en algunos países de África puede ser motivo de muerte. O por lo menos de una vida realmente difícil donde el humano desaparece para dejar paso al monstruo al que todos señalan. Eso sin contar con la propia lucha que el albino tendrá que llevar a cabo desde el primer día, ya que a los problemas de visión graves que pueden presentar, se suman la extrema precaución contra el sol, para no padecer cáncer de piel, o incluso problemas para la concentración o aprendizaje.

Víctimas de una superstición generalizada en ciertos países africanos, son sinónimos de mala suerte, de gafes, de menos humanos. Repudiados por su propia familia y por la sociedad, los niños albinos son protegidos en recintos cerrados para evitar que sufran agresiones y acoso. Encerrados por ser diferentes. Marcados de por vida. El gobierno de Tanzania, por ejemplo, ha llevado a cabo campañas de concienciación y endurecimiento de las penas, para que su población, que cuenta con una de las tasas más altas de albinismo en África, no cometa tropelías inhumanas.

Con este peligroso panorama, hace 67 años nacía el albino más célebre del continente, el icono maliense Salif Keïta. Incapaz de trabajar en la pesca, como su padre, Keïta decide convertirse en músico, un deseo que le costó el repudio de su propia familia. Cuando se traslada a la capital de Mali, Bamako, para cumplir su sueño, tuvo que luchar doblemente: por su vida y por su pasión. Su talento pronto comienza a dar sus frutos, y junto a su banda, Les Ambassadeurs, consigue un notable éxito más allá de su Mali natal. En el año 1984  da el salto a Europa, y dirige su talentoso destino a Paris, ciudad que le daría el reconocimiento mundial con el que cuenta la estrella.

El éxito de Salif Keïta es incuestionable, y ha sido más eficaz que cualquier campaña de sensibilización contra el sufrimiento de los albinos. Gran activista, en 2005 funda la Salif Keïta Global Foundation, que ha servido de salvavidas a miles de albinos marginados. Desde la integración y defensa hasta el pago de los tratamientos médicos necesarios para que los niños que sufren esta rareza tengan la mejor vida posible, la fundación de Keïta es su gran obra vital.

Hoy, la Voz de Oro africana, como también se conoce a Keïta, vive en Bamako como un hombre respetable y respetado. Toda una autoridad en el país, lidera desde hace muchos años una lucha silenciosa que salva la vida de muchos niños.

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