Africa 3.0

Un año de resistencia activa contra el clan Bongo

“Donde hay poder, hay resistencia al poder”. Y sin embargo, parece que no importa lo extraordinaria que sea la resistencia de los pueblos a la tiranía, este pensamiento de Michel Faucault seguirá siendo un enfoque sorprendentemente obviado en el análisis de la realidad. La historia resulta, desgraciadamente para las mayorías sociales, el relato del ejercicio del poder sobre éstas, no el de sus resistencias y victorias frente a las diversas formas que adopta la injusticia.

Al seguir la actualidad política de cualquier país se descubre sin esfuerzo que los pueblos son meros figurantes en el panorama político. Y en el caso de las noticias sobre política en África, este constato es mucho más fácil de realizar. Los sátrapas del poder y los buenazos de la oposición son los sujetos activos del hecho político, y el pueblo, un elemento pasivo que se mueve cual marioneta al ritmo de la actualidad parlamentaria. Pero la realidad está llena de cambios políticos liderados por las propias masas. Así ocurrió en la Primavera Árabe, en Burkina Faso y el caso más actual es Gabón.

Y es que este mes de agosto se cumple un año de las últimas elecciones presidenciales en Gabón, en las que Ali Bongo Ondimba, hijo de su predecesor en el cargo, Omar Bongo, buscaba su segundo septenio frente a la oposición unida en torno a la figura de Jean Ping, antiguo presidente de la Comisión de la Unión Africana y un viejo baluarte del oficialismo ahora declarado indócil.

Los comicios tuvieron lugar en un contexto de hartazgo de la población con la familia Bongo, que “malgobierna” el país y roba a su gente desde hace medio siglo. Esta situación la reprodujo mejor la dimisión de Bertran Zibi Abéghé, diputado por la pequeña localidad norteña de Bollossovile, al renunciar en pleno mitin de Ali Bongo a seguir militando en el Partido Democrático Gabonés (PDG). La escena es una versión siniestra del “Obama out”, aunque en este caso el protagonista dejó caer mucho más que el micrófono.  Abandonó su partido al grito de “no puedo seguir participando en una gestión inmoral de nuestro país”.

Al caer la noche que cerraba la jornada electoral del 27 de agosto de 2016 y conocerse los resultados del escrutinio en 8 de las 9 provincias que tiene Gabón, Jean Ping aventajaba a Bongo por 60,000 votos. Solo faltaban los resultados de la provincia de Haut-Ogooué, hogar y bastión de los Bongo. A partir de ese momento, ocurrieron una serie de maniobras bastante predecibles cuando se conoce el proceder del sistema Bongo-PDG.

Según la constitución gabonesa, los resultados oficiales debían darse dos días después, o sea el día 29 de agosto de 2016. Sin embargo, la Comisión Electoral Nacional Autónoma y Permanente (CENAP) tardó inexplicablemente 4 días en pronunciarse. Cuando por fin lo hizo el día 31 de agosto, fue para sustituir la ilusión de una alternancia pacífica por decepción e indignación. Según el informe de la CENAP, Ali Bongo habría sido reelegido con el 49,8 % de votos, frente a Ping, quien habría obtenido  48,23 %.

Cuatro días dan para muchas matemáticas básicas. Por ejemplo: ¿cuál debe ser la tasa de participación en Haut-Ogooué,  para que Ali resulte ganador de las elecciones, suponiendo que todo el mundo lo vote a él? Quien tenía la calculadora llegó a la conclusión de que debería haber votado el 99’93 % de la ciudadanía censada en dicha provincia, el doble que en el resto del país, donde votó el  48 % de los inscritos.

La intervención del ejército en su intento de silenciar los gritos de un pueblo que exigía que se respetase su voto se saldó con la cifra oficial de 6 muertos, aunque la oposición llega a hablar de 50 mártires.

A partir de ese día, la diáspora gabonesa de Francia y otros países europeos se ha encontrado en la Plaza del Trocadero de París todos los sábados de los últimos doce meses, para conmemorar las semanas que se van cumpliendo desde que empezaran su resistencia contra Ali Bongo. Y no son concentraciones de 10 personas, sino centenares de gaboneses y gabonesas, que se costean el desplazamiento de su propio bolsillo para ir a hacer piña y celebrar que los ánimos siguen intactos y la convicción de no resignarse a un gobierno ilegítimo en su país, otro tanto.

En el propio país también se han llevado a cabo acciones de resistencia, como el incuestionable boicot de la 31ª edición de la Copa de África de Naciones (CAN), el torneo de fútbol más grande a nivel continental, organizado en el país  entre el 14 de enero y el 5 de febrero de 2017. La gente se negó a acudir a los estadios. Este boicot se extendió también al Diálogo Nacional convocado por el oficialismo para ganar legitimidad y cerrar filas con ciertos sectores de la oposición. Y en el terreno de lo simbólico, la población decidió tratar de presidente electo de la república a Jean Ping.

Entender cómo se ha llegado a esta situación requiere señalar que los Bongo están en el poder desde 1967 con el respaldo de todos inquilinos del Palacio del Eliseo, desde Georges Pompidou hasta François Hollande. No cambian su modus operandi, consistente en practicar el fraude electoral de forma sistemática con el apoyo del ejército.

Después, puede decirse que después de 27 años de multipartidismo en Gabón, la oposición es el mayor lastre para el cambio. El hecho es que la línea que separa el gobierno  Bongo-PDG y la oposición gabonesa es tan fina y de tal elasticidad, que en la práctica, resulta inexistente. Paul Mba Abessolle, Paul Mamboundou, Bruno Ben Moubamba son algunos nombres de los opositores que, tras ser aplastados por el poder económico y militar del sistema, pasaron a sus filas o apoyaron diálogos esperpénticos sin el menor pudor. De igual modo, los grandes líderes de la oposición que ha tenido Gabón en los últimos años como André Mba Obame, Casimir Oye Mba, Guy Nzouba Ndama o el actual Jean Ping son antiguos miembros del gobierno de Bongo (padre).

Es en esta constante de votos inútiles, que opositores que firman alianzas con un gobierno declarado dictatorial por ellos mismos y exministros que pasan a ser voluntariosos opositores al régimen que antes sostuvieron, la ciudadanía, empezó a generar sus propias estrategias de resistencia, sus propios símbolos y mitos. El pueblo gabonés ha acudido a todas las citas con la historia con la misma intensidad que el régimen que quiere aniquilarlo. Y en su lucha, no solo vota sistemáticamente en contra del PDG y los Bongo, sino que también es insumiso en el día a día, boicotea desprecia al gobierno de Ali Bongo. Por eso en estos días de agosto hombres y mujeres han emprendido una nueva marcha con el objetivo de alcanzar el palacio presidencial y no regresar a sus casas hasta que Jeang Ping, presidente democráticamente electo de la República de Gabón, tome posesión del cargo.

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