América

POSTALES DE CARACAS. Esperando a los marines…

Esperaba para cruzar un semáforo cuando pasó un helicóptero. El ruido llamó la atención de quienes transitábamos la calle en ese momento. Un señor mayor parado a mi lado se preguntó en voz alta: “Será que ya llegaron los marines?”. Y todos cruzamos el semáforo con la mayor normalidad.

Esa noche dormimos poco, como el último mes en este país. Las redes sociales escandalizaron la llegada a Colombia de unos aviones con la ayuda humanitaria para Venezuela.

“Esta noche si entran los gringos”, “que intervengan de una vez y saquen a Maduro” leí en un par de mensajes a través de Twitter.

Una presentadora de televisión, muy joven, publicó un video en su cuenta Instagram, en el cual esperaba con ansias la llegada de los marines estadounidenses para poder engendrar niños rubios.

En lo personal me resulta abominablemente curioso que una sociedad espere una intervención militar “humanitaria” como una tabla de salvación. Como un show. Como cuando uno va al circo y espera el espectáculo con cotufas y churros.

Sólo escucho la palabra intervención y ya siento nauseas. Recuerdo de inmediato a mi amada África intervenida hasta los tuétanos por colonias europeas, recuerdo a Panamá y la terrible invasión de 1989. Sin nombrar a Siria, Libia o Irak, que son palabras mayores.

Colegas periodistas desde el exterior me llaman y escriben porque imaginan un escenario de guerra en Caracas. La verdad es que la vida aquí sigue tan “normal” como siempre. Con Maduro en Miraflores, Guaidó en Twitter y el precio del dólar aumentando cada hora.

La crisis es innegable. Hay gente que ha muerto por falta de medicinas. Hay niños que no pueden ser atendidos en hospitales porque no hay insumos. Hay pacientes crónicos esperando medicinas. Hay gente que come una sola vez al día porque no puede comprar alimentos.

Según la Asamblea Nacional la inflación de enero cerró en 191%, mientras que la canasta básica familiar cuesta unos 200 dólares, frente a los 6 dólares al mes que representa el salario mínimo.

Han establecido centros de acopio en Cúcuta (frontera con Colombia), Roraima (frontera con Brasil) y Curazao (norte del país), para recibir la ayuda humanitaria. En Cúcuta aterrizaron aviones enviados por EE.UU. con cargamento de comida y productos de higiene.

Llegando a mi casa luego del trabajo me encontré con mi vecino Antonio, que inmediatamente me abordó para saber si yo tenía información sobre “la llegada de los marines”.

“Yo no quiero ayuda humanitaria, yo lo que quiero es poder comprar mi comida y mis medicinas. Aquí el juego está trancado. Yo creo que Maduro debería convocar un referéndum para saber si queremos o no elecciones, para ver si no sale tan mal del gobierno y que no venga ninguna intervención. Nosotros tenemos que solucionar nuestros problemas como siempre”, me dijo.

Las palabras de Antonio son las más sensatas que escuché aquel día. Ojalá  los cambios que queremos para el bien de Venezuela se hagan en paz, y que prive el interés colectivo … por si acaso yo encenderé una vela a la Virgen de Regla, para que nos ilumine en estas horas…

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