América

Sombras nada más en Caracas

Anastasia salía el lunes del supermercado con una mezcla de rabia y alivio porque logró comprar algo de comida para su familia, pero debió pagar con los últimos 30 dólares en efectivo que le quedaban. Parece que los bolívares también se apagaron.

Mario traslada en su  moto dos envases de 20 litros de agua que lleva a su trabajo, los llena de agua y los regresa a su casa, para poder cocinar.

Manuel es un ingeniero de petróleo, asignado por un mes a un campo en el oriente del país. El comedor de su empresa está cerrado por el apagón y Manuel, sin poder comprar alimentos, tiene 4 días comiendo pan con plátano.

Marian vive en la periferia de Caracas y no ha podido ir a su trabajo porque el metro está paralizado, y no tiene efectivo para pagar autobuses o camioneticas, como las llaman aquí.

Daniel tiene 12 años, y lleva dos noches durmiendo mal, aunque sus padres cubren la puerta y ventanas de ruidos, ya que en su cuadra hay protestas y saqueos, se escuchan detonaciones, patrullas y gritos.

Son algunas historias de 5 días, con sus largas noches, a oscuras que ha dejado el ánimo de los caraqueños desolado. Resulta imposible de explicar cómo nos convertimos en una potencia petrolera, sin servicio eléctrico, sin agua, sin alimentos.

Luego del apagón que afectó a más del 80% del país, desde el pasado jueves 07 de marzo, los daños colaterales apenas parecen evidenciarse.

El servicio eléctrico se ha recuperado en casi toda Caracas, pese a que todavía quedan zonas donde no se ha reconectado la electricidad desde hace 5 días.

En el resto del país, hay estados, como el caluroso Zulia, cuyas temperaturas oscilan normalmente entre 25 y 40 grados, donde el servicio eléctrico apenas comenzó a reestablecerse este martes.

Tras la crisis eléctrica sobrevino la crisis del agua. No hay agua aunque prometen que desde este miércoles comenzará el restablecimiento del vital líquido.

La ciudad está repleta de largas filas de personas con envases para buscar agua en tomas públicas y manantiales de agua, facilitados por la maravillosa montaña que rodea el valle capitalino.

Le sumamos la crisis de alimentos. No hay forma de pagar con tarjetas o transferencias porque los servicios electrónicos de la banca también han fallado tras el apagón. Hay supermercados, abastos, restaurantes y panaderías, entre otros, que aceptan pago en dólares.

No sé si se puede estar peor, pero los últimos cinco días en Venezuela han obligado a sacar lo peor y lo mejor de nosotros. Desde la solidaridad absoluta entre vecinos y amigos, hasta desalmados capaces de cobrar en dólares por cargar la batería de un celular o una bolsa de hielo para mantener los alimentos en las neveras apagadas.

En el año 2007 Hugo Chávez nacionalizó la industria eléctrica y desde hace 11 años hemos padecido la calamidad de un servicio en franco deterioro.

Nicolás Maduro argumenta que el histórico apagón fue producto de un ciberataque al Sistema Eléctrico Nacional proveniente de EEUU. Juan Guaidó dice que la falla eléctrica obedece a la incompetencia gerencial de Maduro.

Mientras ellos se siguen culpando, las sombras bailan sobre un país en tinieblas, que no pierde la fe en volver a brillar…..

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