América

Los niños siguen muriendo en la potencia petrolera

Los niños siguen muriendo en Venezuela

Luisa no deja de llorar. No hay consuelo que pueda limitar las lágrimas ni el dolor. El calor superior a los 40 grados se hace amargo entre la tristeza y las constantes fallas eléctricas que padece el estado Zulia, donde vive con su esposo desde hace 18 años. Embarazada de gemelas, se le adelantó el parto y la llevaron a un quirófano para una cesárea de emergencia, en un conocido hospital de Maracaibo, capital del caluroso Zulia.

Las gemelas nacieron con 28 semanas, necesitaban cuidados intensivos para que terminaran de madurar. La primera gemela se complicó y falleció luego de una semana. Aferrados a la esperanza de vida de la segunda gemela, los médicos pidieron un catéter especial para neonatos que no se consigue en Venezuela y debieron buscar en la frontera con Colombia.

“Trajimos una enfermera especial que parece que es la única en el estado Zulia que sabe poner dicho catéter. Funcionó por 6 días pero otra enfermera intentando cambiarlo dañó el catéter y tuvimos que volver a Colombia a comprar otro”, explicó Juan, el esposo de Luisa.

Gastaron más de 400 dólares entre los viajes a la frontera y la adquisición de los insumos médicos solicitados. La esperanza de vida de la segunda morocha se diluía. Acudieron a amigos y conocidos para pedir la ayuda respectiva. “Para ver si algún médico se apiadaba del caso. Con la esperanza de que la trasladaran o hicieran algo para salvarle la vida, pero no se pudo y a los 18 días falleció”.

La familia todavía no despierta de la tragedia que ha implicado la pérdida de dos bebés, quienes nacieron prematuras pero sanas. Sólo requerían terminar de madurar. “No lo entendemos. Si hubiesen muerto por su prematuridad nos dolería pero entenderíamos.  Pero fuimos a Colombia a comprar lo que pedían. En el hospital dañaron el catéter. Dañaron el yelco. Le rompieron las venas a la bebé. Hicimos todo lo posible por salvarla”, cuenta Juan.

Ahora Luisa intenta recoger el corazón y busca fuerzas para enfrentar la justicia. Presentó la denuncia ante la Fiscalía y enfrentará el monstruo del sistema judicial venezolano para intentar hacer justicia con la muerte de sus niñas. “Estoy convencida que fue por mala praxis médica. Lo peor es que esto es más común de lo que se piensa. O nos morimos o nos matan. Es la ineficiencia en todos los niveles”, señala Luisa, con voz cansada, como si llevara en su dolor las lágrimas de todas las madres venezolanas en duelo.

En la potencia petrolera del sur siguen muriendo niños gracias a la negligencia inhumana, que se reproduce como un virus en todos los espacios. Sólo en mayo de este año vimos morir a seis niños,  que esperaban un trasplante de médula. Seguramente las gemelas de Luisa no son las únicas que han perdido la vida por mala praxis en un país con altos porcentajes de migración de profesionales, con sus médicos ejerciendo en otros países y con una crisis hospitalaria sin precedentes, sin insumos y sin medicinas.

¿Qué dirá Maduro de este caso? ¿También es culpa de Trump y del imperio? ¿Y qué dirá Guaidó? ¿Que estas muertes también son culpa de Maduro?

Mientras tanto, Luisa no deja de llorar…

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