Africa 3.0

Armas francesas en Libia

Trípoli, Libia

Era un secreto a media voz que el mariscal Jalifa Haftar cuenta con el apoyo velado de Francia en su intento armado por hacerse con el control total del Gobierno de Libia, del mismo modo que Italia respalda al Gabinete instado en Trípoli que cuenta con el reconocimiento de Naciones Unidas. Es sin duda una muestra más de la falta de una política internacional común entre los miembros de la Unión Europea y una prueba más de cómo este tipo de conflictos se nutren del tráfico de armas al que no suelen ser ajenas las grandes potencias.

El hallazgo de cuatro misiles antitanque modelo Javelin en una base de las tropas del Ejército Nacional Libio (LNA) de Halftar en Gharyar –a unos cien kilómetros de la capital–, recuperada por el ejército oficial, ha enconado más si cabe la polémica que el conflicto genera. La situación en Libia es caótica desde la caída de Gadafi con la disputa por el control de tan extenso territorio, además de frecuentes conflictos locales originados por la tradicional hostilidad entre sus regiones –Cirenaica, Tripolitana y Fezza– y acciones sangrientas intermitentes, que ya ha dejado un saldo de muchos centenares de muertos.

El hallazgo de los misiles, revelado la pasada semana por el periódico The New York Times, enseguida despertó la alarma ante lo que algunos interpretan como la internacionalización occidental de un conflicto que hasta parecía circunscrito al ámbito regional árabe. El Gobierno acorralado de Unidad Nacional (GNA), que enarbola la legitimidad que le proporciona la ONU y encabeza el primer ministro Fayed Elserraj, realizó una protesta y reclamó explicaciones al Gobierno francés que, lejos de asumir responsabilidades, se limitó a negar que hayan sido los suministradores y a ofrecer explicaciones poco convincentes.

El ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno oficial líbio, Mohamad Tahar Siala, envió un escrito a su colega galo, Jean Yves Le Drian, en señal de protesta. La respuesta no se hizo esperar: los misiles ya están en desuso, son de fabricación norteamericana, y Francia, que los adquirió en su momento, ignora cómo han podido llegar ahora a manos de los rebeldes libios. Obviamente no es una respuesta satisfactoria para las autoridades de Trípoli, pero en la precariedad en que se mantiene su Gobierno es poco lo que puede hacer.

Aunque las tropas gubernamentales han conseguido frenar los ataques contra la capital y los combates han bajado su intensidad, el conflicto continúa abierto. Se estima que el LNA, que tiene su centro en la ciudad de Tobruk desde donde controla una buena parte de las exportaciones de petróleo, cuenta con más de ochenta mil combatientes. Además de disponer de una fuente inagotable de ingresos proporcionados por la venta de crudo, el mariscal Hafter cuenta con apoyo de Egipto y de los Emiratos Árabes Unidos. Por el contrario, el GNA recibe ayuda de Turquía y Catar.

El llamado Gobierno de Unidad Nacional controla la capital tradicional, Trípoli, donde se concentra lo que sobrevive del Estado fallido en que se ha convertido Libia, y una mínima parte del territorio donde, además del Ejército Nacional de Haftar, quienes ejercen el poder son milicias locales bien pertrechadas con los restos del arsenal con que contaba Gadafi y enfrentadas con frecuencia en reyertas tribales que pasan inadvertidas en el exterior y cuyo balance de víctimas se ignora. Desde hace algunos meses, en los que el LNA intensificó la ofensiva, los combates se centran en el control del aeropuerto internacional, lo que lo mantiene cerrado de manera intermitente.

Hasta ahora todos los intentos de lograr un acuerdo que permita recuperar la paz y la normalidad institucional han fracasado. En el empeño se han volcado desde las Naciones Unidas y la Unión Europea hasta las organizaciones regionales, como la Unión Africana y la Liga Árabe, y siempre han fracasado. La situación interna es grave y la influencia exterior del conflicto, cada vez más preocupante. Además de la situación estratégica del país, la riqueza de su subsuelo lo convierte en el objetivo de muchas ambiciones.

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