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En Caracas el miedo está de moda

El miedo está de moda en Caracas

“¡Mami estoy libre!” fue lo que logró pronunciar la clarinetista Karen Palacios, llena de lágrimas, la semana pasada cuando finalmente salió de la cárcel, a las 07:20 de la noche, mientras abrazaba a su madre. Pasaron 45 días para que Karen pudiera salir de la pesadilla que implicó un encarcelamiento absurdo.

La joven clarinetista de 25 años publicó un tuit en su cuenta, en el que denunciaba que le negaron una plaza de empleo en la Orquesta Filarmónica Nacional porque se había pronunciado contra el gobierno de Nicolás Maduro.

Acto seguido, el primero de junio, funcionarios de la Dirección de Contrainteligencia Militar (Dgcim) se presentaron en casa de la clarinetista, se hicieron pasar por profesores de orquesta, le pidieron que la acompañaran y fue detenida. Karen fue acusada de instigación pública, porque además de esos tuits en los que denunciaba que había sido expulsada de la Orquesta, tenía otros mensajes anteriores en los que expresaba su deseo de poder leer en una noticia: “Maduro huyó, que lo mataron, que lo apresaron”.

Sin embargo, 18 días luego de haber sido detenida, le emitieron una boleta de excarcelación que había sido ignorada por las autoridades del Instituto Nacional de Orientación Femenina (INOF), o cárcel de mujeres como se le conoce.

Finalmente fue liberada la noche del 16 de julio, bajo medida cautelar de presentación y con prohibición de declarar a los medios. Su caso es otra muestra de las detenciones arbitrarias del gobierno de Maduro.

En mayo del 2017, durante las llamadas “guarimbas”, el violinista Wuilly Arteaga protestaba contra Maduro cuando un funcionario de la Guardia Nacional le rompió su violín. La imagen con Wuilly llorando por su violín roto dio la vuelta al mundo. En medio del escándalo y de las críticas, Arteaga emigró a Nueva York, donde sorprende a los transeúntes de la Penn Station con tonadas venezolanas.

Por su parte el joven de 17 años Armando Cañizales, también violinista, no corrió la misma suerte. Encontró la muerte cuando recibió el impacto de una bomba lacrimógena que no había sido disparada por la policía, sino por los propios manifestantes opositores durante las protestas del 2017.

Venezuela cuenta con un extraordinario Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles que incorpora a jóvenes y niños de pocos recursos al mundo de la música de forma gratuita. Es un programa del Estado venezolano, del que salieron Karen, Wuilly y Armando.

No hay una familia en Venezuela donde no haya un músico o cantante. Son muchos los sonidos de este país que cantamos y tocamos. Lo que no puede ser tolerable es que nuestros músicos sean atropellados y manipulados políticamente.

Es intolerable seguir viviendo con miedo. Con miedo a tuitear, miedo a manifestar, miedo a exigir respeto, miedo a las calles, miedo a que nos acostumbremos, a que el miedo se haga rutina y la libertad se convierta en un privilegio. En esta Caracas lluviosa, el miedo está de moda.

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