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Venezuela, una silla manchada en el CDDHH de la ONU

Venezuela, una silla manchada en el CDDHH de la ONU

Por este lado del charco el ambiente sigue caliente. Mientras que en Ecuador reina una tensa calma tras las protestas contra el paquetazo del Fondo Monetario Internacional (FMI), Perú todavía se recupera de la disolución del Congreso. Chile arde en protestas contra varios aumentos en los servicios. Pero en Venezuela, donde tenemos más problemas que en Ecuador, Perú y Chile juntos, nadie protesta. Parece que ya nos acostumbramos a la gestión pública mediocre, a los pésimos servicios y a la hiperinflación.

Además, parece que también nos acostumbramos a noticias tan tristes como la muerte de una docente por desnutrición, Yasmeli Parra, profesora de Educación Primaria en el estado Zulia. El primer estado petrolero del país. Desde hacía más de seis meses Yasmeli comenzó a perder peso aceleradamente, producto de una condición de salud. Sufría un reflujo gástrico que le dificultaba ingerir alimentos. Debía mantener un tratamiento médico estricto y consumir alimentos licuados. Pero con tres niños y un sueldo que no superaba los 5 dólares al mes, Yasmeli privilegiaba la alimentación de sus hijos descuidando la propia.

Sin embargo, sus compañeros hicieron una campaña en redes sociales para solicitar apoyo económico, sobre todo en el mes de septiembre, ya que su condición se volvió crítica. A pesar de ello, Yasmeli no contó con el respaldo médico del sistema de salud público de Venezuela y la ayuda que obtuvo llegó tarde. Falleció el 16 de octubre dejando huérfanos a 3 niños, la más pequeña de un año de edad.

¿Cómo se explica que en la potencia petrolera una docente muera desnutrida, sin recursos para ser atendida en un centro de salud con dignidad, ni para alimentarse ella y sus hijos? Con todo, la potencia petrolera del Caribe esta semana pasó a formar parte del consejo de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Un país donde hay centenares de personas hurgando los basureros a diario para buscar comida. Un país en el que han muerto decenas de venezolanos en el mar Caribe, intentado migrar en embarcaciones inseguras. Un país donde han muerto más de 10 niños en menos de 6 meses, a la espera de un trasplante de médula. Un país con graves denuncias sobre sus organismos policiales corruptos y violentos. Un país con una diáspora migratoria que supera los 4 millones de personas. Ese país ahora se sentará en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. ¿Para hacer qué? ¿Con cuál moral podrán los representantes de Venezuela hablar de DDHH?

Yasmeli dejó huérfanos 3 niños, pero eso no importa. Lo que importa para el gobierno de Nicolás Maduro es calificar como “un triunfo” tener una silla en el CDDHH de la ONU, aunque en mi patio los venezolanos sigan muriendo de hambre, literalmente.

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