Africa 3.0

White chocolate

La formación de la vasija social de los EE.UU. es un crecer complejo que no se puede entender sin el prisma del prejuicio racial donde el factor de división es la renta per cápita. Se suele señalar a Sudáfrica como modelo de lo que fue, y de alguna manera sigue siendo, un estado racial que formalizó una institucionalización del segregacionismo relegando a cuarenta millones de negros a una ciudadanía de segunda. EE.UU. y sus vigorosas alambradas raciales [invisibles] siguen siendo aquella vieja Sudáfrica del apartheid; simplemente han sabido edulcorarlo.

La africanización de los negros norteamericanos es algo que sólo hierve socialmente cuando se cita a Ali o bajo la catarsis de los discursos de Luther King. De resto, a un negrata del Bronx,solo le mantiene un difuso nexo emocional con sus lejanos primos africanos que llegaron a Carolina del Norte de la mano de la trata. De manera análoga, para el blanco medio el negro es un tipo exógeno; ni nativo, pues ellos son los descendientes de los Roanoke voyages de Raleigh y el inicio de la colonización con una biblia y un rifle en la otra mano. Esa es la gnosis de los EE.UU. guste o no; la vasta franja “vacía” pero repleta de identidad conservadora que vertebra el país entre las urbes cosmopolitas de la costa del pacifico y la fachada urbanita atlántica.

Sí, EE.UU. es un país profundo en sus señas de identificación y como toda colonización anglosajona, ya sea Sudáfrica y evidentemente los incipientes EE.UU., está en la memoria colectiva la concepción de sociedad fronteriza y el derecho a las armas. Decálogo que el «progre» reduce al racismo y la violencia del white con camisa de cuadros. Razonamiento que evidentemente nada tiene que ver con crímenes como los que periódicamente la policía blanca acomete contra negros.

La base social de los EEUU es intentar mezclar agua con aceite y darle fuego. Hay cierta emulsión pero la inercia lleva cada burbuja a su barrio. Se trabaja juntos y se muestra una normalidad social. Situación análoga a Sudáfrica; la realidad es que los matrimonios mixtos siguen siendo una excepción y suelen ser objeto de mofa. Evidentemente, no son iguales las normas sociales en el promiscuo San Francisco que en la moralmente estricta Salt Lake City.

Obama, tótem de la gente moderna que lee en Twitter, no es más que white chocolate. The Bounty baas lo llaman los negros en Sudáfrica con la afilada sorna local. Negro por fuera pero blanco por dentro y es que el récord en gasto de defensa y venta de armas se alcanzó bajo sus mandatos demócratas. No hay ni izquierdas ni derechas en EEUU, solo mayor o menor gasto en defensa. ¿Saben porque Trump es posible que haya ganado ya las elecciones? Simple, el gringo adora la iconografía y su pose con una biblia en la mano, activa la fibra emocional de una sociedad profundamente religiosa y con un acervo apocalíptico muy incorporado en su pensamiento y atornillado a cualquiera de las ventanillas del cristianismo que quieran pensar. Y es que el músculo electoral no es ni Nueva York ni Los Ángeles, es el interior de un país decididamente conservador y temeroso del negro o latino que acecha su maizal.

A diario mueren muchos blancos en Sudáfrica y EE.UU. a manos de negros y también de blancos. Ambos países ostentan cifras récord en asesinatos a punta de pistola. Los de Sudáfrica son a la par especialmente violentos y anónimos a los medios de comunicación globales. Crímenes en forma de granjeros blancos con el cráneo aplastado o señoras violadas hasta el colapso por no hablar de las cifras de violencia de genero entre la comunidad negra de cualquier Township. Lindezas que no se asoman a la prensa pues África del Sur desde la muerte de Mandela, dejó de ser interesante al «progre» comprometido con las desigualdades que sólo él decide si son dignas o no de la empatía de su red social. De manera análoga a los EE.UU. donde su geografía genera una apocalíptica colección de asesinatos diarios que no pasan de la trastienda de un noticiero local. EE.UU. es mediático para lo bueno y para lo malo; se vende el ahora y el ya donde cualquier protesta social se martinlutheriniza y se carga contra el patriarcado blanco. Y quizás no les falte razón, pero en ese patriarcado está incluida la diáspora latina que una vez lograda la ciudadanía se vuelve profundamente republicana y conservadora; por no hablar de la burguesía negra en forma de titulados universitarios que una vez escapan del gueto de turno, se instalan en un barrio de clase media alta e invitan a sus vecinos rubios a una barbacoa con lectura de la biblia para ser etiquetados como negros con modales de blancos. Un panorama racial que comparte Sudáfrica o la modélica Australia con sus aborígenes los cueles eran flora y fauna hasta los años setenta.

Y es que quitando ciertas actitudes policiales absolutamente inexplicables, aún resuenan en mis oídos las palabras de un capataz de Ciudad del Cabo: “no hay peor tirano para el negro que el propio negro que escapa del gueto para tener vecinos blancos”.

CENTRO DE ESTUDIOS AFRICANOS DE LA ULL

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