Africa 3.0

El encargo

Ibrahim y su menudo mecánico rifeño llevan ya nueve horas retenidos en el lado sur de Kandahar. No, no están en Afganistán. Kanda es el sobrenombre de la franja de tierra y piedras que ha quedado encajada entre Mauritania y el Sahara occidental ocupado por Marruecos. Una especie de paraíso fiscal de tránsito que solo existe en el libro de viajes de los camioneros, tratantes de lo que sea y los que en mochila nos damos paseos al sur en busca de la densa soledad de los espacios mauritanos donde solo el viento te hace preguntas.

A la par, Yossuf y su Mercedes ML 500 devoran kilómetros en la solitaria N1 rumbo al sur para llegar a la frontera con el amanecer. El coche fue robado hace 48 horas en algún barrio residencial del sur de Francia y en esa misma madrugada embarcó rumbo a Tánger en un ferry que no citaré ni tampoco el puerto. El robo de vehículos de alta gama por encargo es habitual en España y Francia. Y uno de sus destinos habituales suele ser el Magreb. Cuando su dueño apenas interponía la denuncia, el coche ya estaba en la bodega y en aguas internacionales rumbo a África. El carro, que ronda los cien mil euros, es el encargo de alguien de posiblemente Nuakchot. El pago en metálico se hará en Kandahar. Tierra de nadie, pues ni Mauritania ni Rabat la reclaman y es útil para hacer negocios… En el poste fronterizo de Guerguerat se genera una cola de camiones que bajan con la excelente huerta marroquí y los que suben con pescado congelado –y robado– para España. El pobre le roba al rico el coche y el rico al pobre la comida. Estamos en paz.

El Scania verde de Ibrahim está cargado con diez mil kilos de pesca congelada. La carga se hizo en Nuadibú, procedente de pesqueros de dudoso honor con patrón de Redondela y marinería local a la que mal se paga en especies y euros desgastados. El trato es inhumano. La pesca en West Africa son las nuevas galeras. Se esquilma el ecosistema marino y con ello se despoja a las comunidades costeras de su sustento tradicional a la par que se quiebra el frágil equilibrio de economía de subsistencia familiar. ¿Los peores de todos? Los gallegos y lusos siempre destacan, pero los pulcros neerlandeses y sus buques factoría que aspiran el lecho oceánico y ni las rocas dejan se llevan la palma. Sus buques atracan en La Luz con pabellón de la Unión Europea. Grandísimos hijos de la gran puta. Ahora sí que no estamos en paz.

BMWs, algún Porsche Cayenne y Mercedes. Siempre es un Mercedes el rey del Magreb. Todos comparten una cola interminable en el puesto fronterizo marroquí. Los conductores de los coches de alta gama tienen su sobre listo con euros saltarines para agilizar el trámite de salir del moro y subir cuanto antes la cara mercancía robada a camiones que los crucen hasta Mauritania. Aunque Yossuf no cruzará la frontera. La grúa hará un alto en la citada franja sin dueño de Kanda, donde un tipo vestido en túnica añil con un grueso anillo dorado entregará muchos miles de euros sudados a cambio del juego de llaves del SL, mientras otro le cambia la matrícula in situ. Mis ojitos lo han visto varias veces.

Los bordes de la pista están llenos de viejos Mercedes 190 carbonizados, canibalizados y achicharrados. Carbonizados porque los laterales están llenos de minas españolas de la guerra. Canibalizados para quitarles los repuestos y achicharrados porque el sol los devora sin piedad. Esta franja, llamada no man’s land, tiene aproximadamente un kilómetro y se puede cruzar a pie o con guía, pero nunca salirse de las marcas de los neumáticos. Aquí impera el derecho internacional; es como estar en alta mar o en la luna. Razón por la que es donde se pagan los autos de lujo robados. Si te encuentras algo, es tuyo; si te lo roban, del otro. Cruzarla a pie es mala idea. Los coches abandonados dan cobijo a perros famélicos y recuerdan que el colonizador se fue pero dejó los márgenes de la angosta carretera llena de minas. Y así te lo vienen recordando las viejas señales españolas desde que saliste de Dakhla, antigua Villa Cisneros española a más de 300 kilómetros al norte en una interminable recta trazada sobre la arena del Sahara en tiralíneas.

El camión de Ibrahim ya cruzó el poste fronterizo y atraviesa el profundo sur marroquí rumbo al norte. Con bastante más de mil kilómetros aún por recorrer, entregará su valiosa carga refrigerada al tratante celta que enviará el pulpo mauritano a alguna conservera de Galicia donde se embalará de nuevo como producto local bajo la etiqueta Galicia calidade. Mentira y gorda. Yossuf también está de vuelta a Tánger para bajar el siguiente capricho de algún hombre adinerado de La Maura.

El viejo Sahara español acaba en Guerguerat aunque se estira hasta el poste postal de La Güera en Cabo Blanco, hacia el lado de la mar verde donde las focas monjes han sido francesas, españolas y ahora mauritanas. Aunque la realidad es que, gracias a Dios o Allah, son lo que quieren.

Días atrás fue noticia el linde fronterizo de Guerguerat. Los herederos del Polisario lo bloquearon para dar visibilidad a un conflicto que lleva ya medio siglo atascado y la ONU, y el irresponsable descolonizador español, de la mano de sus políticos de memoria volátil, son cualquier cosa menos un laxante.

África y sus pequeñas historias están muy cerca en lo físico pero lejos en lo emocional,  pues aún domina al europeo un paternalismo tan ofensivo como ridículo. Si amas la carretera y aceptas sus imprevistos y peajes en forma de viajar con su ritmo y normas, el obsequio son anécdotas, regalos a la vista, historias alucinantes y recuerdos ya imborrables. Por presupuesto y tiempo, les recomiendo –o recomendaba– el Sahara marroquí en carretera. Un lugar seguro y cercano. Incluso familiar, pues fue España hasta 1975. A cambio te entrega… Mejor vayan.

CENTRO DE ESTUDIOS AFRICANOS ULL

@Springbok1973

cuadernosdeafrica@gmail.com

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